miércoles, 24 de julio de 2013

NUESTRA SANTIFICACIÓN ESTÁ ÍNTIMAMENTE LIGADA A LA CASTIDAD

Imagen modificada por el autor de este blog

«Esta es la voluntad de Dios: su santificación; que se alejen de la fornicación» (1 Tes 4, 3). La castidad es fundamental para responder a nuestro llamado a la santidad. Es verdad que el pecado contra la carne, en este caso la fornicación a la que se refiere el apóstol Pablo, no es el peor de los pecados. Sin embargo, es probablemente el que más avergüenza, el que más hace experimentar la propia miseria, el que más “impuros” nos hace sentir. El pecado de la carne es por lo mismo el pecado por el que más experimentamos el deseo de escondernos o alejarnos de Dios, porque ante Él no nos sentimos puros, dignos, nos sabemos sucios, pecadores.
Caer en el pecado de la carne nos lleva a apartarnos avergonzados de Dios, a alejarnos de los Sacramentos, de la Iglesia, de todos aquellos buenos amigos o amigas que nos incomodan y nos recuerdan al Señor.
Caer repetidas veces en este pecado nos lleva al desaliento en la vida cristiana, a la desesperanza, a creer que “nunca voy a poder superar esto”, que “soy demasiado frágil y no me queda más que entregarme a este tipo de vida”, que “no puedo resistirme y nunca voy a cambiar”. La desesperanza que viene luego de una caída en el pecado de la carne es peor que la tentación misma de impureza, porque si cedemos a ella nos lleva a entregarnos definitivamente en las manos del enemigo, que no tendrá la más mínima misericordia de nosotros.
Caer repetidas veces en este pecado nos lleva, además, a empezar a justificarnos a nosotros mismos, a defender nuestras tinieblas, a empezar a llamar al mal “bien” o “bueno para mí”, “excelente para alcanzar el amor y la felicidad”, etc. Y es que reconocer que uno está equivocado nos pone en una posición de tener que luchar contra aquello de lo que nos hemos hecho esclavos y nos tiene alejados de Dios. Quien no está dispuesto a abandonar sus tinieblas, imposible que reconozca que está en el error y que lo que él llama “bueno” en realidad esté mal. Y no sólo eso: buscará que otros lo acompañen en su error y atacará a todos aquellos que con su conducta recta y pura lo cuestionan e incomodan, pues no aceptan como “luz” sus tinieblas.
Por todo esto es imprescindible que quien quiera responder a la voluntad y al llamado del Señor a la santidad, aprecie vivamente la castidad y se ejercite en ella día a día, con paciencia y perseverancia, buscando tercamente el perdón y la fuerza cada vez que sea necesario.
Fuente: P. Jürgen Daum, Director de La Opción V

DIOS LOS BENDIGA

¡BASTA DE SILENCIOS, GRITEMOS AL MUNDO ENTERO QUE EL AMOR PURO ES POSIBLE!

Imagen por: laopcionv.wordpress.com

Tengo 18 años. Desde hace un mes que quiero compartir con ustedes una experiencia que tuve en unas clases de fotografía, en mi universidad. Para esto les quiero contar cómo es que llegué a hacer una promesa de pureza.
Yo estudié en un colegio católico, donde me enseñaron a vivir mi pureza. Por eso, cuando mis mejores amigas me comentaron que iban a hacer una promesa de pureza, yo también me animé. Cuando la hice, me dije a mí misma: “ok, esto va a ser fácil, total, la gente que me rodea piensa igual que yo”. Pero cuando entré a la universidad ya no fue así.  Mi primer ciclo fue más relajado, ya que cuando les contaba a mis compañeros por qué llevaba un anillo  de pureza me decían que era muy inocente. Después llegó mi segundo ciclo. Me metí a unas clases de fotografía por no estar con límites de créditos, total, tomar fotos no es nada difícil. Yo estoy 100% segura que Dios quiso que yo esté en esa clase, ya que cuando tuve mi primera clase el profesor –en adelante Paco, porque a él no le gusta que le digan profesor– nos dijo los temas que íbamos a tocar a lo largo del ciclo. Uno de estos temas era el desnudo. Cuando Paco dijo esto, yo me quedé en shock. Pero después, pensando, me dije que no iría a esa clase y, bueno, no presentaría ningún trabajo. Fueron pasando las semanas, fui conociendo más a Paco y me di cuenta que tiene una mente muy morbosa, todo lo relaciona con el sexo y con los órganos genitales. Los comentarios que hacía me fastidiaban un montón, yo sólo me hacía la de oídos sordos y no lo escuchaba, o sólo le decía que no me parecía bien lo que decía, pero nada más. Después de un tiempo me olvidé por completo del tema del desnudo, hasta que llegó la clase y justo falté ese día, pero tenía que recuperar la clase porque no sabía cuál era la tarea.  Antes de ir a esa clase pensé hablar con alguien que me aconsejara, así que me armé de valor y decidí contarle mi historia a un sacerdote. El me pidió que asistiese a la clase de recuperación, tanto para vencer mi miedo de ir como para hablar en caso de que Paco empezara a hablar tonteras que denigran a las mujeres u hombres.
Llegó el día de la clase de recuperación, y antes de ir a mi universidad fui al Santísimo a pedirle al  Señor que me diese fuerzas para hablar. Cuando caminaba rumbo a mis clases mi corazón latía a mil por hora. Comenzó la  clase y empezaron a ver el tema del desnudo. Al principio Paco lo vio desde un punto de vista del arte y contó cómo había estado presente a lo largo de la historia. Pero luego pasó a una parte en la que comenzó a decir que se reprimió este “arte” por culpa de los católicos, y que Jesús era un tal por cual. Yo en ese momento me quedé atenta, escuchando lo que decía, y cuando terminó levanté la mano y le dije: “Sé que estoy de visitante, ¿pero puedo decir algo?”. El me dio la palabra y es así como empecé a defender a la Iglesia, a Jesús y sobre todo comenzamos a debatir en el salón de que si era posible vivir la pureza en la actualidad.  Yo les decía que el verdadero amor no se demuestra teniendo relaciones sexuales, y la mayoría en el salón me decía que no, que nada que ver. Nunca llegamos a una conclusión, pero al menos los chicos de ese salón sabían que sí hay otra opción, y que esa otra opción es un amor puro.
Al final hice mi tarea pero a mi manera. Esta es la foto que decidí presentar:

Cuando le mostré la foto a mi profesor le gustó y me comentó que en las otras clases que tuvo comentó lo que dije, que existe el amor puro y que jóvenes de nuestra edad pueden vivirlo.
Espero que esta experiencia que les comparto les ayude a reflexionar: si como yo al principio de mis clases suelen quedarse callados ante los comentarios “fuera de lugar” de algún profesor o de los compañeros, los invito a ser valientes y hablar con firmeza a pesar de las burlas. ¡Les aseguro que muchos se lo agradecerán después! A mí personalmente me ayudó a dar este primer paso esta frase de Santa Catalina de Siena:
“¡Basta de silencios! ¡Griten con cien mil lenguas! Porque por haber callado el mundo está podrido”.                                    DIOS LOS BENDIGA

jueves, 4 de julio de 2013

EL SILENCIO DA MIEDO


Autor: P. Arnaldo Alvarado S. 


Hay un hecho que suscita interés en nuestros tiempos, esto es sencillamente el silencio y el miedo a este período. Mucha gente tiene pavor a la ausencia de murmullo. En una ocasión por eficiencia de medios de transporte acudí a un servicio de taxi. ¡Vaya sorpresa! Ocurrió algo inusual. El taxista estaba trabajando en sintonía con una música instrumental. Mi curiosidad fue preguntar la razón. La respuesta fue sencillamente porque le tranquilizaba. Pero eso no fue todo. Añadió a continuación -el taxista- que yo no era el primero que reparaba en el detalle de la música, sino que todos los que viajaban con aquel taxista presentaron sus mismos reparos. Algunos incluso se ponían furiosos y violentos, tanto que les llevaba a abandonar el coche.

Pero ¿porqué no nos gusta ordinariamente el silencio? Es sencillamente porque estamos vacíos interiormente. Los grandes hombres de la historia amaron el silencio. Porque tenían que decidir muchas cosas importantes de modo más reposado, íntimo y personal.

La fe cristiana tiene una práctica de vida sumamente interesante: el retiro. De este modo se pretende imitar a Jesús. Pues el mismo Señor pasaba días, horas en oración. Los evangelios nos presentan detalles como: se levantaba muy de madrugada, se retiraba a solas, acudió al desierto, estaba en un lugar aparte. Son datos que presentan la vida de Cristo en un diálogo continuo con Dios Padre. Para esto y mucho más es útil el silencio. Es un encuentro interior con nosotros mismos y a la vez con Dios mismo. Como consecuencia tenemos necesidad de hacer oración.

El silencio es un tiempo provechoso. Nos encontramos realmente en el santuario de nuestra conciencia, ante lo cual nadie puede entrar sino sólo Dios y cuando nosotros le abrimos las puertas a quienes tienen competencias suficientes para ayudarnos. Pero no a cualquiera ventilamos nuestra interioridad. Hacerlo supondría falta de pudor e incluso de respeto a uno mismo y a la otra persona. Cuánto desagrado causa cuando los problemas personales se ventilan en público. No se arregla nada de ese modo.

El silencio nos ayuda a conocernos a nosotros mismos. El retiro nos ayuda a revisar nuestro itinerario de vida. Es una revisión imprescindible. Hacemos balance de cómo estamos. Supone sencillez y humildad. También fortaleza y sinceridad para con nosotros mismos.

El silencio causa temor porque tenemos miedo de encontrarnos a nosotros mismos. Nos damos cuenta que la vida interior es débil y en el peor de los casos vacía, sin grandes ideales. Podemos comparar como el encender una luz en una habitación sin ventanas. Es muy probable que tengamos que exigirnos luego y cambiar muchas cosas en nuestra vida, pero como esto no nos gusta entonces simplemente buscamos el bullicio, la actividad, del mundo, llenar el silencio con golpeteos de latas y cosas que acallen el grito de nuestra conciencia.


Dios los bendiga

miércoles, 3 de julio de 2013

¿LAS MONJAS DE CLAUSURA PARA QUÉ?



Fuente: Catholic.net



A los ojos de un mundo que todo lo mide con medidas de utilidad y beneficio, las monjas y monjes de clausura no sirven para nada. No tienen escuelas, no ayudan con catequesis o en la parroquias, no dirigen grupos juveniles, no dan clases en institutos o universidades, ni siquiera acogen o cuidan a enfermos o ancianos.


En los monasterios de clausura masculinos y femeninos, sólo rezan, se sacrifican y aman. Y es aquí donde radica su riqueza, su inmensa riqueza y valor.

La oración de las monjas de clausura es como el corazón que bombea la sangre a todas partes del cuerpo. Su presencia silenciosa y orante da vida a la Iglesia y además es un consuelo constante a Cristo.

Arrancan de Dios a base de mucha oración, de mucho contacto con él, de sacrificios, enormes sacrificios, esas gracias que necesitamos todos. 

En medio de una vida de oración, de silencio, de recogimiento, de trabajo manual y físico, de penitencias corporales,... estas almas van adentrándose en el corazón de Dios y gracias a ese intimidad con Él, van haciendo de este mundo un mundo más humano y más de Dios.

Nuestra sociedad, es verdad que no va bien. Pero iría mucho peor, si en el mundo no hubiera monjas de clausura. La mejor prueba de para qué sirven los monjes y monjas de clausura es visitar una clausura.

En un mundo habituado a valorar y sopesar todo según el número de bienes que produce, nada parece más insulso e improductivo que una comunidad de personas dedicadas al servicio de Dios en la contemplación. Sin embargo, si le concedemos a Dios un poquito de razón, reconoceremos que no hay acción más valiosa que la de "estarse amando al amado", en palabras de San Juan de la Cruz. 

¿No dijo el mismo Cristo?: "Marta, Marta, muchas cosas son las que te inquietan, pero una sola es necesaria, María escogió la mejor parte y nadie se la quitará" Si aceptamos la enseñanza de Cristo, entonces no podemos negar que la vida contemplativa posee un valor sublime dentro de la jerarquía de valores. 



Autor: Jorge Enrique Mújica, L.C.

De estrella de cine a monja de clausura

Transcurre las mañanas en el silencio, la oración y la contemplación. Rezar y trabajar, había escrito san Benito, por eso al rayar el alba ordeña la vaca y por las tardes cultiva el campo y cuida las hortalizas. Lo anterior sin descuidar la formación de sus novicias. El canto gregoriano es parte constitutiva de esta abadía femenina de la orden benedictina cuyas religiosas se despiertan con amor a mitad de cada noche para entonar himnos a Dios.

La vida de la madre Dolores no siempre fue ésta. Actriz famosa y reconocida en la década de los 50´s y de los 60´s, compartió escena con los grandes actores de su época como Anthony Quinn, Gary Cooper, Ana Magnani o Elvis Presley. De hecho, en la película in Loving you fue la primer actriz en besar a Elvis en la pantalla grande. Figuró en carteleras, revistas y anuncios publicitarios. No podía estar en lugares públicos ya que los admiradores hacían lo imposible por arrancarle un autógrafo.

Al regresar de una gira de promoción de una de sus últimas películas, pide al chofer de su limousine dejarla delante de la abadía Regina Laudis, en Connecticut. Era el 13 de junio de 1963. La súper actriz de la Metro Goldwyn Mayer, Dolores Hart, dejaba el mundo del espectáculo e iniciaba ese otro mundo más pleno: el del seguimiento del llamado de Dios.

Claro que suponía un acto de abnegación de sus propios gustos y de muchos otras posibilidades abiertas. Tenía todo lo que podía desear: juventud, belleza, dinero, fama… Pero le faltaba esa paz que sólo se consigue cuando se es fiel a la conciencia. Le costó dejar a su novio, el emprendedor californiano Don Johnson, le costó dejar los foros, el maquillaje, los vestidos, le costó el nuevo anonimato. Le costó esa radicalidad que posiblemente hoy es menos comprendida por muchos creyentes católicos. Pero tenía viva la determinación de hacer la cosa justa, y eso fue lo que hizo: supo poner su corazón en el puesto justo o, por mejor decir, en la persona adecuada: Dios.

Cuando del L´osservatore Romano (18 de julio de 2008) le preguntaron si era feliz, madre Dolores respondió: “antes de haber cumplido veinte años en el convento me acordé que trabajar en el cine me daba menos felicidad que la que me esperaba aquí”.

Ciertamente el itinerario de amor que ha seguido la hoy priora de novicias en la abadía Regina Laudis a Bethlehem, no ha sido un camino de rosas. En 1999 padeció una enfermedad neurológica poco común que la dejó sin posibilidad de caminar, hablar y comer por un tiempo. Pero tuvo fe, se tomó de la mano de Jesús y salió victoriosa.

Hoy, la madre Dolores sigue formando parte de la Motion Picture Academy of Arts and Sciences, la comisión que elige cada año a los galardonados con el premio Óscar. Pero no es todo. Junto a una amiga actriz, Patricia Neal, construyó el The Gary-The Olivia Teather, a un lado del convento. Es un teatro para quinientas personas donde cada verano representan diversas obras. Pero no es todo. A través de www.abbeyofreginalaudis.com  promueve un cedé donde a modo de canto se puede escuchar, entre otras cosas, la genealogía de Jesús.

La historia de la madre Dolores es de esas que llegan al fondo de nosotros mismos. Que nos preguntan y que acusan respuesta reflexiva, honda, hecha práctica. Y es que, como ella misma dice “Una relación viva y personal con Cristo es necesaria para entender que su presencia es la única cosa verdaderamente real y verdaderamente hermosa en nuestra propia vida”

                                                               DIOS LOS BENDIGA


jueves, 13 de junio de 2013

RIQUEZA DE LA IGLESIA CATÓLICA

Imagen editada por el autor de este blog


¿Cómo responder ante los comentarios sobre las riquezas del Vaticano?
Una vieja crítica que muchas sectas lanzan contra la Iglesia católica


A muchas personas se les oye decir lo siguiente: ¿Por qué el Vaticano no vende todas sus riquezas en edificios y obras de arte para darle de comer a los pobres?

¿Cuál debe ser la respuesta a esa popular acusación y cómo responder con total fundamento y seguridad ante los comentarios sobre las riquezas del Vaticano?

Hay que contestar en varios puntos:

1. No se puede comparar las necesidades económicas de la Iglesia en nuestros tiempos con las necesidades económicas del pequeño grupo de los apóstoles reunidos en torno a Jesús. Algunos hacen dialéctica sobre este punto: Jesús nació pobre en Belén y el Papa, en Roma, vive en un rico palacio.

El mismo Jesús comparó a su Iglesia con un grano de mostaza que una vez sembrado se convierte en un gran árbol que cobija entre sus ramas a todas las aves del cielo (cf. Mt 13,31-32). Jesús, por su ministerio itinerante y el reducido número de sus discípulos, no necesitaba casas ni posesiones. Sin embargo, necesitaba de la generosa colaboración de algunas personas, las cuales lo seguían y ayudaban con su dinero: Le acompañaban los Doce, y algunas mujeres... que les servían con sus bienes (Lc 8,1-3).

Por otra parte, Jesús hablando muchas veces del mal uso de las riquezas y del bien de la pobreza, nunca profirió ninguna palabra en contra de la riqueza y esplendor del Templo de Dios; por el contrario, expulsó enérgicamente a los vendedores que profanaban la santidad del mismo (cf. Mt 21,12; Mc 12,42). En el Antiguo Testamento es el mismo Dios quien determina la rica ornamentación de la Tienda de Reunión y luego del Templo divino. Esto nos manifiesta cómo el Evangelio enseña que no se debe escatimar en ornamentar la casa de Dios. Y así lo han entendido los grandes santos, como el santo cura de Ars, quien viviendo para sí en la extrema pobreza, nunca fue mezquino en gastos para la casa de Dios.

2. Cuando se habla de “las riquezas del Vaticano” no hay que perder de vista que se está hablando de bienes culturales que son patrimonio de la humanidad, y de los cuales la Iglesia no es más que la custodia segura. El Vaticano, fuera de sus templos, es un gigantesco museo, bibliotecas, etc. Si el Papa tuviese que vender esos bienes para ayudar a los pobres, con mayor razón tendrían que vender cada nación y estado sus propios museos y bibliotecas y patrimonios culturales para ayudar a los pobres de sus propios países. Se trata de una ridiculez y un sinsentido, pues el hacer pasar estos bienes a personas particulares (que podrían comprarlos) sería privar a todos los estudiosos y personas de todas las creencias religiosas que se benefician con ellos, al ser puestos a la disposición general por la Santa Sede que los custodia. Allí acuden innumerables personas del mundo entero para conocer parte del patrimonio científico, filosófico, teológico y artístico de la humanidad.

Además, es evidente que esta no sería ninguna solución para la pobreza en el mundo, la cual pasa por la conversión del corazón de los gobernantes y magnates de la tierra. Hay estadísticas según las cuales si se vendiese todo el Vaticano sólo se daría de comer a los pobres durante tres días.

Hay que ser conscientes de que esto no es más que un sofisma que busca desacreditar a la Iglesia y desaparecerla.

3. Hemos dicho que la Iglesia ha crecido enormemente desde los tiempos de Cristo. Hay que tener presente, por eso, que, como ha explicado monseñor Sergio Sebastiani, presidente de la Prefectura de los Asuntos Económicos (Zenit 8 de julio de 1999), aún siendo una institución cuya tarea es estrictamente espiritual, necesita dinero para cumplir con su labor. La mayor parte de los gastos de la Santa Sede se destinan a mantener lo que se llaman «actividades institucionales», una voz del presupuesto vaticano que abarca todos los organismos de la Curia Romana: las congregaciones, los consejos, los tribunales, el Sínodo de los Obispos, las Oficinas, etc. En total, estas instituciones cuentan con 2.581 empleados. Se trata de todas aquellas personas que asisten más de cerca al Santo Padre en su ministerio al Servicio de la Iglesia en el mundo. Estos organismos están llamados a ofrecer servicios que no producen entradas económicas.

Incluso hay obras que sólo ocasionan pérdidas económicas, pero que se mantienen por el valor apostólico que representan, como el periódico L´Osservatore Romano que actualmente tiene 36 mil suscriptores, y Radio Vaticano que ahora transmite en 47 lenguas (Zenit 23 de junio de 2000).

4. Por otra parte, la Santa Sede, así como muchas instituciones de la Iglesia ayudan económicamente de manera muy importante a las personas pobres. Para tener una idea, en los años 1998-1999, sólo “Caritas italiana” distribuyó 34,5 millones de dólares destinados a 69 países de los cinco continentes (Zenit 18 de enero de 2000).

Y en cuanto a la caridad personal del Papa, él destina para las obras de caridad y para sostener las Iglesias más necesitadas, lo que se denomina el “Obolo de San Pedro”, que es fruto de las ofertas de los fieles para ayudar al Papa en su fin caritativo. En el año 1999, estas ofertas ascendieron a 55.313.587 dólares, que luego el Papa destinó a obras caritativas (Zenit 23 de junio de 2000), como son escuelas, hospitales, centros de asistencia especiales, zonas azotadas por grandes calamidades (terremotos, sequías, hambre, etc.).

La Santa Sede también ayuda al sostenimiento de los Lugares Santos y de las Obras misionales.

No se puede acusar a la Iglesia de que no ayude a los necesitados por el hecho de que no venda sus bienes culturales. Por el contrario, las grandes obras de misericordia que ennoblecen la humanidad han sido invento e iniciativa de la Iglesia. Ella inventó los hospitales, los orfanatos, los hogares para discapacitados, las mismas universidades. Si hoy podemos asistir a una universidad es gracias a la Iglesia; si hoy podemos acudir a un hospital es gracias a la Iglesia.

5. En cuanto a la vida personal del Papa, él vive modestamente, sin propiedades personales. Don Bosco cuenta que cuando fue a visitar a Pío IX, al papa no le quedaba ni un centavo para sus gastos personales, y que su habitación era tan pobre y sencilla como la de los chicos que él juntaba por la calle. Un periodista narra que el Papa Pío XII murió en su habitación que era sumamente sencilla, recostado en una pobre cama de hierro; su comida diaria consistía en unas pocas verduras. El médico de San Pío X, asistiéndolo en su enfermedad, quedó desconcertado al comprobar que el gran Papa llevaba puesto debajo de su blanca sotana, unos pantalones remendados como los de cualquier pobre del pueblo. El Papa al morir, ni siquiera deja a sus familiares sus bienes personales; sólo su enseñanza y buen ejemplo. Vive y muere pobre como Jesús.



¿Por qué no venden los tesoros del Vaticano?

Imagen editada por el autor de este blog

Año 257d.C. Aprovechando el reciente asesinato del papa, el alcalde de Roma, que era un pagano muy amigo de conseguir dinero, ordenó a San Lorenzo que entregara las riquezas de la Iglesia. Lorenzo entonces pidió tres días para poder recolectarlas y en esos días fue invitando a todos los pobres, lisiados, mendigos, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos y leprosos que él ayudaba. Al tercer día, compareció ante el prefecto, y le presentó a éste los pobres y enfermos que él mismo había congregado y le dijo que ésos eran los verdaderos tesoros de la Iglesia. El alcalde entonces le dijo: «Osas burlarte de Roma y del Emperador, y perecerás. Pero no creas que morirás en un instante, lo harás lentamente y soportando el mayor dolor de tu vida».

¿Qué sucedería si mañana en todos los periódicos anunciaran en primera página que el gobierno mexicano coloca a subasta las Pirámides de Teotihuacán o que el gobierno inglés vende el Big Ben o el americano la Estatua de la Libertad o el francés la Torre Eiffel?

Muchos mexicanos, ingleses, americanos o franceses acogerían la noticia como la más grande de las tomaduras de pelo de los últimos tiempos.

¿Es posible vender un símbolo nacional, algo que representa un poco de aquella tierra, de aquel país? No, a ningún presidente cuerdo se le ocurriría hacer semejante barbaridad.

Y sin embargo, muchos preguntan: ¿por qué la Iglesia no vende sus “tesoros” artísticos para dar de comer a los pobres? ¿Por qué no vacía las elegantes salas del Vaticano o de los obispados de todas las hermosas estatuas, cuadros y esculturas?

Trataré sobre los "tesoros vaticanos", usando un poco de sentido común, lo único razonable que puedo decir es que no existen. Es verdad que algunas personas, engañadas por publicidades falsas, malintencionadas o simplemente deseosas de aprovechar el tirón del "morbo" pueden haber llegado a pensar cosas tan disparatadas como que el Vaticano es una de las grandes potencias económicas del mundo. Pero eso es en el fondo porque se han creído lo que han oído sin una mínima reflexión.

El Vaticano es un pequeño territorio de unas pocas hectáreas, es decir, menos que lo que posee cualquier pequeño agricultor. Sus "posesiones" son una Iglesia, unos edificios de oficinas y unos jardines del siglo XVI, un museo y la residencia del Santo Padre. Aparte de esto posee algunos pequeños territorios en la ciudad de Roma y una zona de descanso en Castelgandolfo. Cualquiera puede entender que el valor de esto en la economía mundial de los grandes Estados como Estados Unidos o Japón o Rusia o Europa, es bastante ridículo. Pero incluso si se compara con una sola empresa un poco grande, los "tesoros del Vaticano" dejan de serlo.

El valor de lo que se podría llamar "tesoro Vaticano" es el que poseen las obras de arte de su museo, que ciertamente, gracias a que los Papas han sido siempre hombres de una gran cultura y un exquisito gusto, es uno de los mejores del mundo. Pero en lo económico su valor es parecido al que pueda tener el Louvre, el Prado, el Ermitage o el British Museum. Y a nadie se le ocurre pensar que el valor de esos museos es enormemente importante en la economía.

Su valor es fundamentalmente cultural. Lo cual a veces, en una mentalidad burguesa, se identifica automáticamente con valor económico. Pero eso no está producido por la realidad en sí, sino por la pobre mentalidad de quien confunde arte y dinero, porque cree que en este mundo todo se puede comprar.

Por lo que respecta a los objetos del culto hay que acordarse un poco de lo que significa amar. El amor de los enamorados les lleva a regalarse objetos preciosos, y está por ver el primer enamorado qe le regala a su novia unos pendientes de hojalata. En la Iglesia Católica procuramos hacer lo mismo con Dios Nuestro Señor. Los objetos de culto son lo más bonito que podemos materialmente.

Eso no significa que eso sea dinero que podría haber ido a los pobres. Cuando se consigue abrir el corazón de la gente al Señor el dinero sale de su bolsillo para los pobres y para Dios. Y cuando no se consigue abrir el corazón de la gente a Dios el dinero no sale hacia los pobres, sino que se queda en la cuenta corriente de los potentados. Si no se hubiese empleado en Dios no habría llegado a ningún otro sitio.

En cuanto a los dineros del Vaticano hay que decir que tampoco es mucho y que cualquier pequeño banco de provincias mueve mucho más dinero que el Vaticano. Además, una gran parte de ese poco dinero que se mueve se dedica a obras benéficas, a través, en Roma, del convento de las hermanas de la Madre Teresa de Calcuta que hay en el Vaticano y en todo el mundo, del Pontificio Consejo Cor Unum, que preside la Caritas Internacional.

Por último conviene subrayar que en las congregaciones vaticanas (algo así como los ministerios de la Iglesia) hay pocos empleados y no se parecen en nada a los grandes ministerios de las naciones. Por ejemplo en el Pontificio Consejo para la Familia trabajan, contando desde el Cardenal hasta el Conserje, 14 personas. Es decir, que los presupuestos no dan en el Vaticano para grandes derroches financieros.

En consecuencia, el análisis de los "tesoros vaticanos" no nos lleva a escandalizarnos, sino a pensar que debemos ayudar más al Santo Padre en lo económico, especialmente a través de la colecta del óbolo de San pedro, que se celebra en la Iglesia Universal el día 29 de Junio. Cuanto más dinero le llegue mayor bien podrá hacer a los necesitados de todo el mundo.

Los tesoros de la Iglesia pertenecen a toda la Iglesia, la de hoy, la de ayer, la de siempre. Cada uno de los cuadros, estatuas, edificios, no son únicamente un conjunto de colores o piedras, colocados en modo más o menos artísticos. Cada uno de ellos encarna de alguna manera una persona, un ideal, una época de la vida de la Iglesia.

Para terminar, apelaremos al motivo más fuerte de la FE: cuando hablamos de "tesoros del Vaticano" o, mejor aún, "tesoros de la Iglesia", nos estamos refiriendo sobre todo y principalmente a los tesoros de la GRACIA divina. Es decir:

- al tesoro incomparable e invaluable de los sacramentos, el ser depositaria del Cuerpo Santísimo de nuestro Señor Jesucristo, de su Sangre preciosa, de su Palabra divina, de los tesoros de la Redención;

- al tesoro de ser -por voluntad de nuestro Señor- la administradora de los méritos infinitos de su Redención para la salvación de todo el género humano. Aquí tiene su fundamento teológico y se explica el tema tan controvertido por la Reforma protestante de las "Indulgencias";

- al tesoro de la santidad de todos los hijos de la Iglesia, sobre todo de aquellos que más han sobresalido por el heroísmo de sus virtudes: los mártires, las vírgenes, los confesores, los santos de todos los tiempos, de cualquier cultura, raza, sexo o condición social;

- al tesoro de la FE de todos los cristianos

- al tesoro de la CARIDAD de la Iglesia: la cantidad de obras de caridad que dirigen muchísimos de sus hijos en todos los países del mundo, sin ningún sueldo, sólo por amor a Cristo y a sus semejantes: hospitales, ancianatos, orfanatorios, clínicas para enfermos de cáncer, sida y de todos los males; casas para niñas abandonadas, mujeres violadas, casas de asistencia a los drogadictos, leprosos, pobres, emigrantes; escuelas para todas las clases sociales, atención a los desamparados, a la niñez, a la familia, misiones, obras de solidaridad, etc, etc, etc. ¡En cualquier parte del mundo donde hay pobreza y sufrimiento de cualquier tipo, allí está presente la Iglesia para ayudar, apoyar y consolar!

 ¡¡ESTOS SON LOS VERDADEROS "TESOROS DEL VATICANO Y DE LA IGLESIA"!!

Detrás de una Pietà de Miguel Ángel, de una Anunciación de Fra Angelico o de una catedral de Burgos hay algo más que el interés cultural. En cada uno de estas obras, yace la fe de un hombre, de un pueblo que quiso rendir culto, alabar de una manera palpable a Dios. Delante de ellas cuántos hombres han rezado, cuántos han inclinado su cabeza, cuántos han levantado sus corazones a Dios.

No, la Iglesia de ahora no tiene derecho a vender la fe, expresada plásticamente en sus antepasados ni claudicar la fe de sus futuros hermanos. La Iglesia no puede venderlos porque estos bienes perderían el significado último y único de su existir y el dinero que se obtuviera por ellos, ayudaría en muy poco a solucionar el problema de la pobreza, cuyas raíces son mucho más profundas y no se solucionará con un fajo de billetes, sino sólo con la conversión del corazón del hombre.
Fuente: Catholic.net

DIOS LOS BENDIGA